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CUENTOS DE
LA VIDA REAL. ( * )
Desde tiempo me rondaba la idea de escribir algo sobre lo que se
dice y cuenta por mi pueblo. De vez en cuando surge la leyenda que
rompe la cotidianeidad, se recuerda una vez más la iglesia con
santos de oro, situada en un bello paraje a un kilómetro del pueblo.
Parte viva de la propia vida de los pueblos, sus historias, sus
leyendas, sus chismes y costumbres con sus vicios, sus defectos, sus
virtudes, inconcebible de otra forma Al pueblo le siguen gustando
sus cosas, sus singularidades. Se busca el destacar del pueblo de
al lado de alguna manera, aunque a fin de cuentas se trata de
episodios, chistes, recuerdos, andanzas y vivencias, pasajes de la
vida similares o iguales, pero en distintos escenarios.
Al aldeano amante de su pueblo, de todo lo suyo, no hay modo de
convencerle de que no fue su abuelo el que se enfrentó con aquellos
lobos, historia que se repite casi por todos los pueblos, porque
común a todos fueron las situaciones vividas. Cuesta también admitir
que no fuera a uno de su pueblo al que se le ocurrió el chiste que
tan bien cae por la comarca. Luego resulta que casi todas las cosas
han ocurrido en otros lugares. Y habrá bastante de real en las
afirmaciones de unos y otros.
Sin duda que todo, o casi todo, de alguna forma ha ocurrido o alguien
se lo inventó o lo amañó para que resultara más creíble. ¿Pero dónde
ocurrieron o nacieron al conocimiento general? Porque lo cierto es
que en casi todos los pueblos hay galgos que se ponen a mear cuando
sale la liebre. Y en Bezas esto ocurría con los galgos del tío
Correjas.
Sobre todas estas cosas y hasta las tribulaciones, que tan bien
caían a las gentes del pueblo, que constituyeron parte del alma
simple de los pueblos, no es nada fácil averiguar los orígenes. Solo
si se fuese capaz de ir tomando severísima nota de lo que a diario
acontece en el entorno y a través de los tiempos, se podría llegar a
alguna conclusión en determinados casos del enmarañado embrollo de
los decires populares que tan bien caen, aunque la verdad auténtica
no llegara a saberla más que uno propio.
Por ejemplo, ¿quién es capaz de aseguramos a los bezanos,
(gentilicio "bezasinos") dónde nació ese sambenito, entre sarcástico
y cariñoso, que pesa sobre nuestro pueblo y que dice, "aquí hay más
gente que en Bezas", bien para resaltar acontecimientos
multitudinarios o precisamente cuando es todo lo contrario y que se
oye en lugares incluso muy alejados de la comarca?
Y conste que a los "bezanos" no nos disgusta oírlo. La
perpetuidad del nombre de nuestro pueblo está asegurada, siquiera sea
a través de un dicho y la risa nos llega de oreja a oreja cuando lo
oímos, aunque ignoramos de dónde salió, quien lo llevó a la calle.
Estas acotaciones enlazan perfectamente con esa leyenda de la
iglesia que tiene los santos de oro, la hipotética iglesia situada
en un lugar muy próximo al pueblo de Bezas.
Seguro que a mis queridos paisanos les va a agradar que yo hable de
esta imaginaria (¿) iglesia, nos compenetramos muy bien, saben de mi
gran cariño hacia nuestro pueblo y sus cosas.
A mí me encanta la leyenda y la cuento de vez en cuando. No es justo
callarme cuando alguien me dice que en su pueblo había brujas, o un
castillo con fantasmas, o que tuvieron un bandolero muy temido y
generoso a la vez. Pues en Bezas hay una iglesia que tiene santos de
oro y que nadie ha podido localizar.
Pero es que también he oído decir que en Bezas hubo en tiempos
remotos una colonia veraniega de brujas, que servían de enlace entre
las brujas de Jabaloyas y las de Trasmoz y otras zonas brujeriles.
Dicen que se trataba de la ruta ibérica más adecuada para el paso de
las ardientes damas de la escoba, desde el Levante cálido hasta los
somontanos del Moncayo y el oscense, obligada ruta hacia la
Jacetania, para rendir viaje en los Pirineos de Huesca y el
vasco-navarro, en cuyas montañas vivía una casta especial dé brujas.
Julián Sánchez Villalba
( * )
Extraído de su libro que
recientemente ha terminado,"MIS ESCARCEOS PERIODÍSTICOS" sobre recopilaciones de artículos y
trabajos de prensa- 1983-2003.
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