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SEMBLANZAS,
PUERILIDADES Y RENUNCIAS
Se despiertan los
sentidos apenas pisas tierras que tan bien conoces. Late más
deprisa y alegre el corazón, cuando el pueblo divisas, y los
ojos buscan febriles la casa, y a veces, y sin apenas poderlo
remediar, exclamas como un niño; sí, mira, mírala, allá está.
Y nada más llegar, ya
te entran las ganas de recorrer las calles, los rincones de
siempre, esos que tantos recuerdos te traen, tesoros del alma,
que pugnan por salir. Infancia aquí pasada, o aquí vivida,
pasada a ratos, que tan feliz te hizo, con sus penas y todo.
Mañana irás a hollar
los viejos caminos que tan bien conoces, a descubrir senderos
casi borrados; lugares recónditos y bellos en donde desgranaste
lo mejor de tu juventud y poner al día el pasado.
Y te entran ganas de
ver enseguida a la gente, a tu gente, la de tu pueblo, y
contarle, y preguntarle tantas cosas..., y a hacer mutuas
promesas de que seguiremos queriendo más al pueblo, como a ti
te gusta, a lo único que es nuestro y nadie nos puede negar,
para que no se muera de pena.
Que a muchos se les
nota un tanto estoicos, a pesar de que están entre los suyos,
sus amigos, que son todos, pisando el solar común donde
nacieron, donde jugaron, donde despertaron a la vida; donde
tuvieron sueños, experimentaron pasiones, desarrollaron su espíritu.
Aquí en donde a tantos les nacieron hijos, donde amaron y
sufrieron, en donde dieron bienvenidas, abrazos y adioses a
seres queridos.
Y es gozoso estrechar
manos amigas, tropezarte cara a cara, a cada paso, en cualquier
momento y lugar, con quien te dará los buenos días y te
preguntará por algo más. Y repetirás mil preguntas, y te darán
mil respuestas que ya conoces, pero que te encanta hacerlas y
escucharlas. Y mil veces volverá la sonrisa a vuestras caras,
que aquí, entre el amigo residente y el que llega, jamás se
niega el qué tal y el hasta luego.
Que aquí se viene a
tomar ánimos, a revivir recuerdos, y prende la prisa por volver
a contar todo otra vez, aunque y se sepa; y recuerdas tu vida
aquí pasada, por si mañana ya es tarde. Que no quede nada que
no se sepa de ti y de tus amigos que antes fuisteis montón, y
hasta desvelas secretillos con tanto celo guardados. Que
demasiado tiempo duró el remordimiento por aquellas pequeñas
maldades, que creíste grandes pecados. Cuentas cuando el
maestro se quemó el labio, al encender el pitillo con un hierro
calentado en la estufa y lo que nos reímos; cuando intentamos
ahorcar al pobre gato de la tía Eiduviges; cuando nos meamos en
la gorra del tío Pedorretas; cuando atábamos latas a la cola
de los perros; cuando destruíamos nidos de pajarillos; cuando
cogíamos manzanas del huerto del cura. Es un decir.
Que mañana, dentro de
unas horas quizás, solo Dios sabe si podrás reconciliarte con
tu gente, que con El ya lo estás desde hace tiempo. Que lo
mismo llegan satisfacciones, que se acaba todo, los deseos, las
promesas y sueños, las ilusiones. Y luego...
Que aquí te brindan
un paraíso que nadie osará disputarte. Aunque muchos, con
frecuencia, reducen los espacios al poyo, al umbral de la
puerta, que convierten en su particular forma de rumiar los
recuerdos. Se les ve, a veces, como un tanto ausentes,
resignados. Y hasta se les oye decir alguna vez, "...sí, mía
tú, qué hacemos ya aquí, si allí estamos muchismo
bien..."
Pero también los hay que hacen promesa de volver
aquí para siempre.
Y te entran ganas de preguntarles qué les dan allí,
si están tan solos.
MORALEJA: La ciudad: Inmensas multitudes que
producen soledad.
El
pueblo: Soledad inmensa que hace multitud.
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