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Los pueblos pequeños del entorno de la capital, un edén para los ancianos
Mª ÁNGELES
MORENO. Teruel
Menos soledad
Así, podría
decirse que la despoblación no siempre es igual a
soledad. Ni uno de los 278 ancianos encuestados para
elaborar el estudio se encuentra sin nadie a quien
acudir si precisa ayuda, aunque viva solo. El
trabajo se hizo con vecinos de localidades golpeadas
por la emigración y que hoy no superan los 300
habitantes. Algunas son Caudé, Bezas, Rubiales,
Cuevas Labradas, Formiche Alto o Bajo o La
Aldehuela. "Siempre hay alguien que puede echarles
una mano, atenderlos en casa, llevarlos al hospital
o a un centro de salud, mientras que en la ciudad,
el anciano que vive solo en un bloque de pisos es
posible que no conozca a ninguno de sus vecinos",
explicó Gómez. Para clasificar a un anciano como
frágil, los autores del estudio valoraron, además,
si este come caliente varios días a la semana o no,
si precisa de alguien que le ayude a menudo, si su
salud le impide salir a la calle, si oye o ve mal y
si recientemente estuvo ingresado en un hospital.
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